Untouched Nature

domingo, 25 de octubre de 2009

ESTACIONES




Terminan las hojas de caer en la incongruencia de la tierra.

Volcadas las décadas de caminatas, sobre los mismos pasos.
Vuelven los hombres a las mismas ilusiones.

Buscan salvarse en lo efímero.

Vuelven los días a ser sólo imágenes.

No se cuenta el tiempo, no se mide la vida.
Las nubes no siguen ningún trayecto
y sin embargo son nubes.

Las voces suenan en el aire y luego se callan;
cansadas de repetir siempre las mismas palabras.


Terminan las lluvias de caer sobre la rugosidad de las rocas.


No vuelven las memorias, ni las caricias de un pasado.
Ya no sirve llevar tanta carga, tanto yo.
Ya no sirve medir el tiempo, pues es la falacia humana del espejo,
que nos devuelve la mirada vacía,
que nos trae la ilusión de poseer el poder de medir lo intangible.
Lo que no es nuestro.

14 de Septiembre de  1999.
Amparo Carranza Vélez.

MADRE TIERRA



Recuerdo, Madre Tierra
que una vez fui unidad,
y no este ser partido y roto.

Recuerdo, Madre Tierra,
que una vez encontré sabiduría y claridad,
en tus piedras.
Y hoy solo son objetos y despojo.

Recuerdo, Madre Tierra,
que tu abrazo era alivio y amor.
Hoy mis pares te rajan y abren
para extraer de ti oro
pero no vida.

Recibe, Madre Tierra.
Hoy mi abrazo quebrado.
El hueco de un vientre vacío e infértil.
Este cuerpo de hija tuya, de mujer.
Cuerpo camino de vida y creación,
pero hoy solo es un eco de dolor y abandono.

Dime, Madre Tierra.
Qué secreto oculto no escucho,
no recuerdo.
Porqué el camino se encuentra perdido.
Porqué mi corazón siente este exilio.

Nos hemos exiliado de ti, Madre Tierra.
Hijos desagradecidos de tu amor.
Perdimos el nombre.
El secreto del misterio.
El rumbo.
El linaje.
La razón.

Amparo Carranza Vélez.
9 de Junio de 2009.

¿Quiénes Son?




¿Quiénes son estos seres altos y fuertes,
erguidos sobre dos piernas?
Ellos llevan un lenguaje que no comprendo.
Me alimentan, me cuidan.
Me ven crecer, no dan espacio para correr.
Me encierran en pequeñas cajas de metal.
Me alimentan, pero nunca me acarician.
Luego un día abren la caja.
Me toman.
Me toman de los pies y me sacan.
Me golpean, me golpean.
¡Me siguen golpeando!
Grito pero el grito no alcanza.
Nadie, ni nada puede socorrerme o defenderme
de lo que no entiendo, pero sucede.
Destrozan mi cara.
Intentan borrar todo rastro de resistencia.
No alcanzo a ver más allá de una luz.
Un ojo electrónico que cree captar mi dolor.
Atontado, permanezco desfalleciente sobre el suelo helado.
Me vuelven a tomar.
¿Pero éste ser no era el que me alimentaba todas las mañanas?
Ahora pasa a través de mis pies una ganzúa.
Atraviesa mi carne.
Me cuelgan cabeza abajo.
Intento escapar pero es inútil.
Mis manos danzan en el aire,
una coreografía aterradora.
Y siento el filo metálico de la locura.
La maldad de estos seres que disfruta
de mi larga tortura.
Siento frío, por todo mi cuerpo.
Me siento más pequeño.
Siento sangre correr.
Veo caer la sangre sobre el suelo.
¿Toda esa sangre es mía?
Luego me vuelven a tomar.
El dolor es inmensurable.
El frío me ahoga, pero no me mata.
Me arrojan como desperdicio
sobre una montaña de cadáveres.
La carretilla de los desollados.
En eso reacciono, intento incorporarme.
¡Estoy vivo! ¡No he muerto!
Intento levantarme pero carezco de fuerzas.
Mi cuerpo no responde, se convulsiona descontroladamente.
Levanto mi cabeza,
y la vuelvo para intentar levantarme.
Entonces veo una masa de carne despellejada y sangrante.
Primero no comprendo.
Luego reconozco mi cuerpo.
¿Qué me han hecho?
¡Esto es peor que morir!
¿A esto confinaron estos seres mi existencia?
¿A tener este fin? ¿y mi destino divino?
El testigo electrónico vuelve a clavarme los ojos.
A captar mi última mirada.
Impregnada de infinito dolor. Incertidumbre.
Dejo caer mi cabeza y me resigno a ser,
un montículo más en la montaña de cadáveres.
A ser un producto más de la avaricia humana.
Mi existencia fue solo una piel.

Amparo Carranza Vélez.
3 de Octubre de 2007.

sábado, 15 de noviembre de 2008

RETORNAN



Retornan desde el horizonte,
las aves que partieron una vez.
Retornan trinos y canciones,
desde un lejano reino.
Devuelven la alegría de una primera vez.

Vuelven los días a extenderse,
no permiten que la noche avance.
Vuelven los cielos a ser más intensos.
A devolvernos más soles.
Comienza el luminoso y perfumado trance.

Retorna el verdor a los árboles.
La vida fluye y se nutre en ellos.
El viento se aleja para dar lugar a la brisa.
Y ahora yo, retorno a mí.
Y recorro el tiempo sin tanta prisa.

Retornan las mariposas a sobrevolar
ese espacio entre suelo y cielo.
Como retornaran mis sueños
a perdurar más allá de las horas.

Regresan mis manos a las sensaciones
olvidadas y enterradas, por un largo invierno.
Redescubren la suavidad, la ternura.
Regresa mi pecho a descubrir la calma.
La certeza de la frescura.
Los aromas perfectos y azucarados.

Vuelven a crecer pequeños seres
irguiéndose sobre un césped verde.
Tienen coronas engarzadas de colores.
Perfuman la tierra con holgura.

Vuelven a mí, tantos deseos de niña.
Dejar que retorne el nuevo intento de la vida.
Las estrellas regresan más claras.
La luna se ostenta abundante y blanca.
Retorna así, con un nuevo verano, la esperanza.


Amparo Carranza Vélez.

30 de Octubre de 2008.

viernes, 14 de noviembre de 2008

DETRÁS DE LAS HIERBAS





Detrás de las hierbas
se esconde un suspiro.

La sombra viva y ondulante palpita.
De una orilla a otra
Fluye la vida en concierto de pureza.
Se restriegan los nombres de lo idos.
Se resguardan los latidos del alma.

Y las rocas blancas inducen al camino.

Una brisa promete.
Una brisa trae su nombre.

Años inciertos sobre la estela

de una luz soñada.
Años de vidas ajenas.

El agua abriga.

El agua conduce al idilio inesperado.
La albergaré en mí.
Seré el recipiente.
Donde se encarnarán las promesas
donde se materializa la bruma turquesa.

La magia del bosque.

El poder fértil y de aromas
crecerá hasta mí.
Sabrá elevarme en una lluvia nueva
para eternizarme
para volverme real
y abandonar la ilusión del espectro gris que soy.

Y mi mirada sabrá llegar.

Guiada por la última libélula azul.

De regreso.

Reconstruirme.
De nuevo.
Reencarnarme.
De verás.
Revivir.
De acuerdo.
Al destino.
Renacer.
En sus manos,
de liquen,
de niebla,
de agua fértil,
de cielo húmedo y verde.

Y rehacerme

desde la imagen a materia
de fantasma a mujer de piel
y sangre
y feminidad táctil.

Seré el destello

Seré recipiente de luz.
Seré la Venus real en el paseo del dios.

Seré recreación del cosmos en mi universo de mujer.

Amparo Carranza Vélez. 18 de Marzo de 2006.

lunes, 22 de septiembre de 2008

EL RÍO DE PLATA



Centellea la plata.
Y los destellos reavivan la sangre
de mis venas.

Descubro así el brillo en tus ojos.
Ya no son meras ilusiones de un sueño.
Y veo a través de ellos las corrientes,
que cursan a través de la tierra,
desde lejanías extensas.

Y ya la fuerza arrastra el mensaje
impoluto.
Desde tierras altas.
Trae las aguas de otras lluvias.
Y su candor en el sonido de su aleluya.

Se deslumbran las miradas escondidas.
Como una fuerza incontenible.
Inagotable como el curso de este inmenso río.
Río de metal acerado.
Río de tierra rosa.
Río de mar dulce.

Ya no habrá otra orilla lejana
por descubrir.
Ya no habrá más corrientes que me arrastren
lejos de sus aguas.
Ya no viviré lejos de tu mirada.


21 de Enero de 2006.
Amparo Carranza Vélez.

AMOR QUE NO ALCANZA




Amor que no alcanza
al sacrificio de la vida.
Ni al paso del tiempo.

Amor, ¡si, qué he intentado amar!
Cada ser vivo.
Cada ave, cada pez.
Cada mirada.
Cada mano.

Amor que no alcanza para hacer inmutable
este universo que cambia y se expande.
Ni alcanza para que los niños permanezcan pequeños.
Sonrientes y tiernos.
Ellos han de crecer y conocer que el amor no alcanza.

Las guerras.
No alcanza, mi amor.
Para detenerlas.
Ni mis sueños de paz.

Los bosques no crecen con mi amor.
Los bosques, las ballenas son cortados
por avaricia
y ella si que destruye
y mata.
Y alcanza a justificar todos los medios.

Intenté demostrar mi amor con un diamante,
que perdurara.
Pero ése era un diamante de sangre.
Salió de las manos rotas de una victima africana.
Dentro de una horrible mina de muerte.

Amor que no alcanza
para el perdón de los hombres.
Sirve siempre el castigo y la venganza.
La malicia que mal se llama justicia.

Mi amor no alcanza para ser feliz.
Para hacerte feliz a ti.
Ni para que permanecerías junto a mí.
Hasta la luna se aleja de la Tierra cada día.


Amor que no alcanza a ser visto.
Pues es invisible e infinito en sí mismo.
Y alberga en sí el dolor de comprender el fin.


Amparo Carranza Vélez.
8 de Noviembre de 2007.