
Tus manos son de un roble indestructible.
Tus labios, un río alocado.
Viento.
Corrientes.
Lagos.
Tu presencia.
Cielo.
Luna.
Murciélago.
Vuelas, te despliegas, te desenmascaras.
Dentro de la violácea magia nocturna,
abres esa capa amarilla de hojas.
Tu gran cuerpo.
Pilar por el cual el cielo se sostiene.
Eterno.
En ti.
El agua.
La piedra.
El cóndor.
El viento.
Y eres.
Tronco.
Verdor.
Sombra.
Hongo.
Tu abrazo me envuelve como un húmedo bosque.
Tierra.
Sol.
Semilla.
Hierba.
Surgen de ti.
Y si yo desfallezco,
tiendes tus raíces para mi lecho.
Roble.
Tuya es la fuerza de los vientos.
El misterio de la sombra.
La generosa vida del hongo.
En ti, la sangre quieta.
El verde silencioso.
La omnipresente inercia azul.
Rey de las plantas.
Maestro de la espera.
Bajo tu gran abrazo de arboleda
espero el momento
en que mi materia sea como tú eres.
5 de Julio de 1998.
Amparo Carranza Vélez.

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